
Por: Sara Lucía Caicedo Luna y Diana María Vélez Salinas
.png)

El camino
Clic aquí para
audio cuento

Más allá de la cordillera occidental se encuentra un pueblo pequeño, abatido y doliente por culpa de una guerra sin rostro y sin fin, aunque su gente es amable y sonriente no es suficiente para curar tal amargura. En aquel lugar nació y creció Don Aparicio López, un hombre de los buenos, de los que sueñan y trabajan duro por lo suyo y los suyos. A su avanzada edad, Don Aparicio ya había hecho todo lo que se creía correcto, comprar una finca, tener un ganado, tener una familia e ir a la misa de las 12:00 p.m. todos los domingos durante casi 60 años. Pero el conflicto armado se había encargado de añadirle a Don Aparicio unas cuantas características a su lista. Perder a su único hijo en la batalla contra los godos, ver morir a su esposa a causa de no soportar la cruel realidad que los consumía y perder a la mayoría de sus vecinos y amigos. Solo le quedan 4 vacas: Celia, Pinchada, Lupe y La Consentida.
Los habitantes adinerados del pueblo le ofrecían
cantidades enormes de dinero a Don Aparicio, con
tal de que les vendiera sus vacas, pues comer carne
o comer simplemente era cuestión de los más
influyentes de la zona. Pero él siempre se negó
aunque se muriera de hambre o perdiera la
oportunidad de huir a otro lugar, esas vacas se
habían convertido en su familia. Un día, quién sabe
quienes, intentaron robar al menos una vaca, pero
no lo lograron. Don Aparicio ya no sentía ganas ni
esperanza de vivir, solo le quedaba un deseo más
por hacer, más que un sueño era una necesidad.
Empacó sus corotos, cabestreó sus vacas y emprendió un largo viaje hacia el sur de la cordillera, enfrentándose a los mayores desafíos que la vida le ponía en el camino casi tan horrorosos como la guerra que dejaba atrás.
El hambre, el cansancio y el vigilo de sus amadas niñas lo estaban dejando al borde de la locura, en medio de la nada se acentuó, amarró sus vacas al árbol, las mimó y les dio de comer algunas frutas que con suerte encontró en el camino, se sentó en frente al árbol, apoyó su cabeza en el tronco y por fin descansó. Don Aparicio nunca llegó, se perdió en la selva intentado escapar del infierno en el que había nacido pero gracias a un campesino del sur, quién lo encontró tirado con sus niñas, siempre fue y será recordado como el primer hombre en lograr una de las más grandes hazañas, atravesar a pie y con ganado la cordillera occidental de norte a sur, convirtiéndose, sin saberlo en uno de los mejores montañistas.
Mariana Carvajal